viernes, 17 de agosto de 2012

Camino a la Mismidad- Por Alejandra Joaristi


A veces tenemos que pelearnos un poco con nosotros mismos para poder cambiar
porque estamos acostumbrados a nuestra manera de ser; porque durante mucho
tiempo nos funcionó y sirvió.
Sin embargo, un día cualquiera, determinado aspecto se convierte en un obstáculo
y cuesta desarmar lo que llevamos una vida siendo. Y entonces comenzamos un vaivén
de pequeñas batallas; un día un triunfo, al otro un fracaso.
No te sientas mal por ese momentáneo revés. Al contrario, ese fracaso nos enseña
más que un triunfo –al que solemos dejar pasar sin mucho análisis-, porque nos obliga
a pensar, a repasar nuestras acciones. ¿Dónde perdimos el rumbo? ¿En qué nos equivocamos?
El fracaso no determina el resultado, es una oportunidad. Y esa oportunidad nos
compete y nos desafía. Podemos dejarla pasar o aprovecharla.
“No hay un ser vivo que sea más tú que tú”, dice el Dr. Seuss, el escritor de maravillas
como “Horton y el Mundo de los Quién”. ¿Qué hacemos, entonces? ¿Le plantamos
la cara al mundo y anunciamos nuestra presencia para modificar el mundo con
la inscripción de nuestras acciones o nos escondemos como el avestruz y desperdiciamos
nuestro potencial? La decisión la podés tomar vos y sólo vos.
Por su parte, Claudio Naranjo menciona entre otros, estos dos preceptos:
valoración de la conciencia y aceptación de la experiencia y valoración de la integridad, o responsabilidad.
Así, si entendemos nuestra vida como un proceso en constante desarrollo y en el que nos influimos unos a otros en esa eterna danza que es la reciprocidad relacional; si valoramos cada experiencia en su calidad de irrepetible; si somos conscientes de que nada nos obliga a permanecer rígidamente apostados en conductas, pensamientos o sentimientos que nos dañan o nos impiden avanzar y si en función de ello, podemos
trasformar cada situación complicada en aprendizaje y dejar que éste nos libere, vamos a poder darnos cuenta que ese aceptarnos como somos -y eso incluye, necesariamente, el lado oscuro que todos tenemos- es la puerta a un cambio interior profundo y sostenido y lo que es mejor, logrado con nuestros propios recursos emocionales, esos que creíamos no tener.

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