viernes, 3 de agosto de 2012

Elegir la educación de un hijo con discapacidad ¿Escuela especial o escuela común? Lic. Adriana Adamezak


Hoy en día los padres que deben decidir una modalidad de educación para el hijo que tiene una discapacidad es una decisión compleja. Hasta hace poco tiempo la escuela especial era la opción única sin darse a cuestionamientos. Actualmente la integración en la escuela común se está afianzando con fuerza en nuestra sociedad, motivo por el cual la familia tiene la posibilidad de elegir lo que considere como mejor opción educativa para el hijo.
Este momento de elección es una etapa de desorganización en el seno de la familia, se presentan temores ante un nuevo camino desconocido, y por abandonar lo seguro y conocido, por lo que se acompaña de resistencias al cambio como una forma de preservar la identidad familiar.
Los padres son asesorados por los profesionales y por entidades dedicados al integracionismo y defensa de la no discriminación, la diversidad e integración de las diferencias. De esta manera se les ofrece posibilidades de enriquecer la calidad de vida de sus hijos, lo que constituye un proyecto alentador.
Por otro lado los padres reciben también posturas que realzan las ventajas que otorga la escuela especial, donde sus hijos pueden encontrar una atención más específica para sus necesidades. La escuela especial ha dado ya sus frutos, con éxitos y fracasos, mientras la educación integrada se inicia en nuestro país y aún no se cuenta con su alcance y eficacia.
De esta manera se producen en los padres una serie de temores en relación a la escuela común con integración: si su hijo recibirá la atención que necesita, si será discriminado, si el niño puede sentirse desvalorizado ante los recursos de sus compañeros o no poder llegar a responder a las exigencias pedagógicas. Si en cambio el hijo concurre a una escuela especial los temores se basan en que el medio no pueda proveer los estímulos necesarios para que el niño desarrolle sus potencialidades, que su contacto se limite a otros niños con igual o diversa problemática funcionando como modelos de imitación que pueden retrasar su desarrollo.
En la elección del tipo de modalidad de educación inciden también otros factores tales como el proceso de acomodación que la familia haya atravesado o lo esté haciendo desde el momento de la crisis devenida a partir de la discapacidad del hijo. Para que los padres puedan elegir la modalidad de educación para su hijo, ya sea especial o común con integración, de una manera realista, deberán haber atravesado ese proceso de adaptación y acomodación de manera satisfactoria. El proceso de acomodación se da de manera satisfactoria cuando los padres han discriminado el hijo deseado del hijo real y tienen expectativas realistas en relación a la elección de la escuela. En cambio, cuando en ese proceso se producen interferencias, los padres pueden adoptar situaciones extremas. En este sentido, los padres pueden ver a la escuela común con integración como un medio inaccesible para el desarrollo de su hijo, sin poder ver lo enriquecedora que puede ser esta opción. En este momento y situación los padres se ven inundados por sentimientos de desesperanza y desilusión y con poca confianza en las posibilidades potenciales de su hijo. Sienten que “ya nada se puede esperar del hijo”, quien será educado por debajo de sus potencialidades. En esta situación es cuando la escuela especial funciona como un lugar en el que “se hacen cargo del hijo”, con poco compromiso de parte de la familia. En el extremo opuesto, cuando los padres eligen la integración en tanto que el proceso de acomodación sufre desviaciones, sin admitir los déficits reales del hijo, pueden encubrir una negación y falta de aceptación de la realidad. Es entonces cuando el hijo se ve bajo una sobreexigencia de las demandas paternas teniendo la integración metas poco realistas y con la expectativa familiar de que la escuela tenga la solución mágica de devolverle un hijo “normal”. Entre ambas situaciones extremas pueden darse diversas situaciones que encubren otras dificultades e influyen en la elección educativa del hijo.
Es importante tener en cuenta que la educación con integración no es una garantía ni una solución mágica para la resolución de la problemática del niño con discapacidad. Siempre debe evaluarse las potencialidades del hijo y el momento vital que se encuentre transitando.
El tipo de escolaridad elegida debe siempre ser un medio para que favorezca la calidad de vida de los niños con necesidades educativas especiales.
En los diferentes niveles de integración que hay en la escuela común, el más adecuado para el niño es aquel que favorezca su desarrollo afectivo, intelectual y social en cierto momento de su desarrollo. Cada nivel de integración es particular para cada niño, lo que puede se adecuado para un niño no tiene por qué serlo para otro, o para el mismo niño en otra etapa de su desarrollo.
La integración abarca más allá de la escuela común. El niño con discapacidad puede encontrar otros espacios en organizaciones como clubes, actividades recreativas y artísticas donde puede ser integrado socialmente.
La decisión en la modalidad de educación para el hijo, ya sea en escuela especial o común, es una tarea compleja que requiere además de la familia, de la intervención del equipo interdisciplinario, quienes acompañan y sostienen a la familia en este camino.

1 comentario:

  1. Acuerdo totalmente con este artículo , justo hoy se nos plantea este conflicto en el apoyo de la decisión de incorporar a una adolescente a su colegio ,después de un diagnóstico de psicosis . Es muy difícil la tarea ,se choca con escuelas que no quieren tener problemas o no saben cómo enfrentarlos, familias que tienen que tomar conciencia de la patología de sus hijos y a partir de ahí tomar la mejor decisión posible ,acompañados por el equipo tratante,

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