viernes, 3 de agosto de 2012

¿Estar solo o sentirse solo? Cuando la soledad es una elección o un malestar- Por: Lic. Adriana Adamezak



Hoy en día sabemos que la soledad es una característica de este siglo que va en aumento cada año, en un importante porcentaje de la población mundial. En un mundo globalizado y posmoderno, donde los medios de comunicación están a la orden del día y las personas paradójicamente están conectadas entre ellas el tiempo que lo deseen a través de los modernos sistemas de comunicación y redes sociales, el aislamiento y la soledad se presentifican y están a la orden del día.
Debemos aprender a vivir y convivir con un estado que nos sorprende, nos impacta y nos posee. Quizás estamos en un cambio en la historia en que sólo aprendiendo a estar solos y conectarnos con nosotros mismos, podamos en un futuro no tan lejano, aprender a convivir con las demás personas desde otro lugar, un lugar de mayor compromiso, de cooperación, de altruismo, con el objetivo de reforzar los lazos sociales en lugar de debilitarlos.
La soledad impacta en todos los grupos sociales y en todos los grupos etáreos, en los niños por la mayor exigencia de ambos padres con sus trabajos, o ser hijos de padres separados, o no jugar en la calle con los amigos como antes debido al sistema inseguro en que se vive; en los adolescentes que transitan la crisis del cambio; en los adultos que viven mayores separaciones después de sus matrimonios, eligiendo modos de vida solitarios; en los matrimonios donde los hijos se han independizado y queda la sensación del “nido vacío”; en los adultos mayores que se van quedando solos debido a que sus partenaires ya no están, o los hijos y familiares “no tienen tiempo” para visitarlos. Son ejemplos característicos de este siglo.
Sin embargo, podemos pensar que siempre estamos solos con nosotros mismos, que la soledad puede convertirse en una maravillosa compañía al permitirnos conectarnos con nuestro interior. La introspección, la autoreflexión, el análisis personal se convierten en aliados para nuestro crecimiento y evolución personales. La mayor tendencia a realizar distintos tipos de terapias, alternativas, holísticas, o convencionales, demuestran la necesidad de esta búsqueda interior.
Estar solo no es lo mismo que sentirse solo. Podemos estar solos y sentirnos muy bien y en paz con nosotros mismos, estando en relación con muchas personas y teniendo distintos tipos de vínculos, de amistad, filiales, de pareja, etc.. Es un estado que permite un crecimiento ya que nos hemos otorgado un espacio interno, nos hemos alojado en nuestro interior de una manera cómoda acompañados por sentimientos de calma y de bienestar.
Sentirse solo, en cambio, es como lo expresa la frase, sentir la soledad de manera que no hemos establecido un vínculo con nosotros mismos, sino que hemos quedado en relación de dependencia con el otro, en una situación de demanda y de querer recibir algo que debemos buscar en realidad dentro nuestro. La demanda es siempre una demanda de amor, cualquiera sea el vínculo del que se trate. Es una posición de espera que siempre paraliza, que estanca y nos deja inmóvil en el mismo lugar de nuestro psiquismo. La dependencia crea vínculos dependientes con personas que se perciben como omnipotentes, recreando la simbiosis madre-hijo, y la creación de este tipo de vínculos está destinado a fracasar.
El sentimiento de soledad se relaciona con ideas de no pertenencia, de desamparo y hasta de culpa, lo que puede llevar a estados depresivos de distinta gravedad, incluido ideas de suicidio como modo de pasaje al acto, con el fin de, lo que es para esa persona, terminar con un sentimiento que se torna insoportable. Por estos motivos es imprescindible poner en palabras el sentimiento de soledad, acudiendo a un profesional idóneo, para de a poco deconstruir el sentimiento de vacío interno otorgando nuevos espacios a través de la palabra, y construyendo un lugar propio donde estar solo no signifique lo mismo que sentirse solo.
Al resolver la dependencia con el otro, lo que requiere esfuerzo y trabajo psíquicos que permiten la elaboración de duelos, “dejando ir” al otro, soltando amarras y ataduras, hemos dado un giro en nuestra posición subjetiva, y nos sentimos libres y sin miedos. Hemos comenzado el camino del desarrollo personal y del crecimiento. Ahora sí podemos y podremos amar y formar vínculos saludables donde tenemos siempre la opción de poder elegir qué queremos para nuestra vida. Al estar solos nos hemos encontrado, por fin, después de tanto tiempo, después de toda la vida que hemos vivido, con nosotros mismos.
En esta época donde impera el individualismo pero también hay cada vez mayor concientización hacia la cooperación en grupos, aprovechemos el estar solos con nosotros mismos, démonos la oportunidad de crecer y desarrollarnos y de conocernos realmente. Intentemos descubrirnos y ser libres en nuestro interior, para crear lazos más duraderos con el prójimo. Estamos transitando ahora por un camino que es auténtico en su estricto sentido de la palabra, porque es propio y puesto en marcha por nuestro propio deseo.
Para terminar les dejo este maravilloso mensaje de Richard Bach:
“Durante muchos años esperamos encontrar a alguien que nos comprenda, a alguien que nos acepte como somos, alguien con el poder de un hechicero para que funda la piedra en luz solar, capaz de brindarnos felicidad pese a las duras pruebas, capaz de enfrentarse a nuestros dragones en la noche y de transformarnos en el alma que decidimos ser…. Apenas ayer descubrí que ese mágico Alguien es la cara que vemos en el espejo: es nosotros y nuestras máscaras caseras. Tantos años, y por fin nos encontramos. Imagínate!”.

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