viernes, 3 de agosto de 2012

LA SOCIEDAD NOS ENFERMA?- Por Lic. Cristina Bango/ lic. Beatriz Daiksel


Actualmente no se discute el rol de la genética en los conceptos de salud y enfermedad. Lo que ha sido objeto de discusiones es el rol que le cabe al medio en este proceso.
Durante años se consideró que las causas de las enfermedades podían heredarse –lo genético-, o bien adquirirse, a través de lo que llamamos el ambiente.
Posteriormente Freud acuñó el término “series complementarias”, refiriéndose a la interacción entre lo heredado, las experiencias tempranas infantiles y lo que llamaba el suceso desencadenante, atribuyendo a éstas el origen o etiología de las enfermedades psicológicas.
El desarrollo de las neurociencias y la psiconeuroinmunoendocrinología proponen un modelo que postula un funcionamiento integrado entre el organismo y el medio ambiente, donde ambos se interrelacionan, influyéndose y modificándose entre sí constantemente.
Se postula entonces que los estímulos psicosociales, cognitivos y emocionales, los sucesos y condiciones vitales a los que estamos expuestos, pueden convertirse en reacciones químicas que a largo plazo producen cambios.
Estos cambios afectan no sólo a los sistemas fisiológicos del organismo, sino que llegan a modificar incluso la actividad de los genes, con las subsecuentes consecuencias conductuales y fisiológicas.
Se destaca entonces la importancia del ambiente en el grado de salud o enfermedad en una persona, o en una población.
EL ESTRÉS, BUENO O MALO?
La sociedad actual globalizada y exigente, nos lleva a enfrentar constantemente situaciones de tensión que nos obligan a realizar un esfuerzo para responder a tantas demandas y recuperar el equilibrio emocional. Ese esfuerzo, conductual y orgánico, es llamado eustrés, es considerado normal y cumple una función adaptativa.
Dice McEwen que “nuestros mecanismos adaptativos son básicamente los mismos que hace millones de años, pero las amenazas de la vida moderna generan cambios que, aún cuando puedan permitir una razonable eficacia frente a las situaciones estresantes, pueden generar una deuda, un precio que más tarde o más temprano se pagará con salud”.
Cada esfuerzo de adaptación va produciendo un desgaste de los sistemas neurológicos, inmunológicos, endócrinos y psicológicos. Cuando las exigencias propias o las del medio exceden nuestra capacidad de respuesta, ya sea por ser excesivas, demasiado frecuentes o por mantenerse durante mucho tiempo, generan el llamado distrés o estrés malo.

CÓMO DEFENDERNOS DEL DISTRÉS?
No todos los seres humanos tienen la misma capacidad para enfrentar el distrés; así como algunas personas reaccionan frente al mismo con excesiva tensión, o enfermándose, otras han demostrado ser resilientes, esto es, capaces evitar que estas situaciones deterioren su funcionamiento biopsicosocial.
Después de cada crisis, el individuo resiliente sale más fortalecido aún, porque refuerza sus mecanismos de adaptación y logra utilizar la experiencia vivida como un aprendizaje de estrategias de afrontamiento.
Esta capacidad de resiliencia puede ser innata, pero quien no la posee puede adquirirla: para responder a las demandas impuestas por las experiencias estresantes, el único camino posible para un individuo es el aprendizaje y desarrollo de adecuadas estrategias de afrontamiento (coping).
Para lograrlo, lo indicado es la terapia cognitivo/conductual, en la que se trabaja concretamente sobre el estilo de pensamiento y atribución de sentido, se ensayan y de esta forma se ayuda a la persona a elegir el modo más efectivo y eficiente de enfrentar las circunstancias potencialmente estresantes de la vida diaria, y así evitar las temibles consecuencias del distrés.

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