viernes, 17 de agosto de 2012

SUPERVISIONES (NO) PRESENCIALES- Por: Prof. Lic. Perla Pilewski


Y sí, a paso lento, pero firme, hemos empezado unos pocos años atrás, a utilizar las nuevas tecnologías de la comunicación en ámbitos laborales, en la educación y en la salud. Ese ritmo sigue el proceso del reconocimiento de los beneficios de la aplicabilidad de las prácticas (no) presenciales1 apoyadas en diferentes herramientas de reciente aparición. Campus universitario para la formación a distancia, aula virtual, quirófano de telecirugía y consultorio psicoterapéutico, son algunos de los territorios que vamos habilitando para la construcción de conocimiento, para la producción y para el cuidado de la salud.
Y es así como, con el entusiasmo de participar del desarrollo de lo inédito, un par de años atrás, decidimos emprender la práctica de las supervisiones (no) presenciales.
Seguimos considerando los encuentros teórico-clínicos entre profesionales, como pilares de las prácticas psicosociales, educativas y psicoanalíticas; como revisión reflexiva tanto de los cuerpos teóricos, como de las prácticas.
Estas supervisiones tienen como objetivo encontrar las respuestas más adecuadas para cada uno de los escenarios de intervención. Desde una mirada comprehensiva de lo que está ocurriendo, abordamos el entramado subjetivo/social/institucional y su compleja dinámica funcional y operativa. Comenzamos delineando la cuestión, el problema, y/o el padecimiento, reconocemos su singularidad y desde allí, potenciamos la generación de respuestas específicas, proponiendo estrategias clínicas consensuadas. Más que corregir una o varias fallas, nos referimos a abordar los malestares que en toda práctica surge, siendo protagonistas, incluyéndonos activamente supervisor y supervisado, en la creación de condiciones favorables para los cambios significativos.

1 El paréntesis anula el sentido de falta e inexistencia del adverbio, para virarlo al positivo de afirmación y presencia.

En nuestra experiencia, la supervisión presencial y (no) presencial resultan contextos que producen textos, espacios simbólicos con capacidad subjetivante, y constituyen campos de acción, de operatividad efectiva y de valor práctico.
No se trata de negar las diferencias entre una y otra, sino de ir aprendiendo en la experiencia, las peripecias de la aplicabilidad, de aquello que en algún momento se llamó virtual.
En eso estamos, y los invitamos a compartir esta forma de “hacer camino al andar”. 

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