viernes, 3 de agosto de 2012

Veo Veo… ¿Qué ves? Por: Clr Adriana Szpilberg


Nacemos en un estado total de indefensión, fusionados a nuestra madre, quien junto a nuestros otros seres significativos, cumplirá un rol importantísimo en nuestros primeros meses de vida. Ellos serán los encargados de satisfacer nuestras primeras necesidades, decodificando nuestro llanto, hambre? dolor de panza? mimos? sueño? Qué quiere este bebe?? El Dr. D. W. Winnicott denominó “función materna”, a esta madre adaptada a las necesidades de su niño, capaz de sostenerlo desde el amor, permitiendo así que el niño vaya relacionándose con los objetos que conformarán su mundo externo en la medida que va pudiendo diferenciarlo de su mundo interno, así mediante un proceso de continuas identificaciones e idealizaciones se irá construyendo el “sí mismo del niño”.
Estos padres capaces de dar amor, le iran dando existencia a este niño, es aquí donde la mirada y la palabra, dentro de esta trama de vínculos son fundamentales, el hijo cumplirá un rol que estará signado por las fantasías que su madre proyectará en él, será esperado, deseado, no deseado, esta valoración afectiva de su cuerpo y su persona hará que este niño se vea a él mismo con la dirección de la mirada del otro.
El sí mismo es entonces la imagen que uno tiene de sí. Esta imagen tiene que ver con el otro, que se constituye en el espejo en el que nos miramos ¿quién soy yo? ¿Qué veo cuando me veo?
La mirada de aceptación amorosa de los padres es lo que hará que el niño se sienta valioso como persona y que pueda crecer y desarrollarse asumiendo desafíos y emprendiendo distintas tareas con éxito y confianza.
El rechazo, el desamor, harán que el sí mismo, quede dañado o con déficit, culpa, inseguridad, miedo, dificultad en la comunicación, insatisfacción, la duda permanente, serán algunas de las señales de este déficit y la visión de la vida de estas personas no puede ser más que pesimista.
Rogers dice que cada organismo sabe lo que es bueno para sí y agrupa con el nombre de visión positiva al amor, el afecto, la atención, dado que sin esto es imposible “ser
Esta imagen positiva de uno mismo es lo que se conoce como “autoestima” ó “autovalía”, podemos decir que la autoestima nos permite enfrentar las dificultades que sin duda se presentarán a lo largo de nuestra existencia, con un grado importante de flexibilidad y adaptación al cambio, es también lo que permitirá que podamos sobrevivir a los fracasos y que nuestro umbral de tolerancia a la frustración no nos destruya y que a pesar de esto podamos sentir que somos dignos de ser queridos, que tenemos la posibilidad de pedir ayuda de reconocer nuestras limitaciones o nuestras trabas. El no sentirnos amados, aceptados, comprendidos, convierten este mundo en algo aterrador. Aquellos cuya mirada de sí está devaluada se sienten denigrados y se convierten en sus propios enemigos.
El Dr. Héctor Fiorini, agrega un rasgo importante y característico de las personas que ven en el espejo una imagen devaluada de sí mismas: la inestabilidad, es una imagen frágil, precaria, confusa. Explica que la falta de amor hacia uno mismo nos impulsa a vivir equivocadamente, convirtiendo las experiencias en situaciones de alto riesgo, donde existe una constante amenaza hacia nuestro ser.
Fiorini remarca la función de los adultos en la formación de la estima del sí de los niños y dice “el gran trabajo del adulto es ser un espejo lo mas fiel posible a lo que el niño es, intentando no confundir lo que el adulto fantasea y desea con lo que realmente percibe”
Cuando la imagen que se les devuelve a los chicos es confusa, contradictoria, o no hay imagen porque se los ignora, provocaremos en ellos un trastorno de imagen ó lo que Rogers denominó un “falso self o incongruencia” Muchas veces este falso self o esta máscara es una defensa que ayuda en algunas situaciones sociales.
El Dr. Fiorini define a la autoestima como “ un edificio en construcción”, y propone trabajar en un proceso de counseling o psicoterapia, para impedir que esa baja autoestima se convierta en una profecía autocumplida, “nunca voy a…”, “mis amigos no me llaman porque no me quieren…” ¿y vos los llamas? “No”
En el proceso de counseling el acento estará puesto en que quien padece pueda ver que él es el hacedor de la realidad que está viviendo, y que a partir de una escucha empática y una mirada de aceptación, el consultante pueda ir desplegando sus miedos para ir encontrándose con él, achicando la incongruencia, tomando en cuenta cuestiones que fueron descartadas, todo esto hará que pueda reparar o construir su estima a partir de la propia valoración.
Si el proceso da resultado, lograremos revertir esta tendencia a no exponerse por miedo a fallar, que se permita dejar de depender de los otros y que recupere la posibilidad de “ser” desde “él mismo” rompiendo con las barreras que le permitían avanzar, y comenzando a tener una vida plena.

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