sábado, 29 de septiembre de 2012

Y cómo terminó la historia de amor- Por Lic. Martin Smud


La historia entre Silvina y Marcelo siguió algunos años, fueron famosos en el hospital, fueron famosas sus peleas. Aunque pareciera increíble para muchos se peleaban por una visión distinta acerca de, entre otras cosas, la cuestión de la parapsicología.
__De una fórmula química se espera que tenga determinados resultados. Más allá de quién sea el que tome la pastilla. No puede haber pastillas uno por uno.
__Eso es un despropósito ¡las pastillas se metabolizan en un estómago que pertenece a un sujeto!
Y de esas peleas aparentemente anodinas y poco trascendentes, siempre terminaban hablando de ellos y de que algo no terminaba de funcionar entre ellos.
Y lo que no terminaba de funcionar era lo sexual, aunque él tomara esas pastillas para las disfunciones eréctiles, aunque hubiera aprendido a usarla media hora antes del horario que suponía irían a estar juntos, muchas veces no había caso.
Silvina no quería saber nada de esas pastillas, para ella era el ejemplo de que el fármaco dependía de quién las tomara, más que de su inalterable fórmula química y que el problema de Marcelo era un problema psicológico que él se empecinaba en no tratar.
Silvina, cuando estaban en el instante sexual, nunca sabía cuánto era parte de su deseo y cuánto era parte de la medicación, eso le hacía sentirse insegura y con bronca contra esas pequeñas pastillitas rojas que le llenaban de sangre la verga y lo llevaban a perseguirla por toda la casa pidiéndole por favor, que ahora, que dale, que tenía que, y miles y miles de súplicas y después amenazas y hasta que conseguía lo que no había más remedio que hacer.
¿Cómo habían llegado a eso? ¿Es que a ella había algo que también la perjudicaba para entregarse totalmente a ese goce pegajoso y persecutorio que él le proponía?
Silvina le decía despertando la bronca de Marcelo:
__Hay que tener estómago para bancar estar con vos.
Y no lo decía solamente por su verga hirsuta tratando de perseguirla por entre las cortinas, sábanas y manteles del departamento de dos ambientes de Almagro sino por su creencia en esas pastillitas. ¿Quién le había dado permiso para tomar en sus manos a esas pastillas tan pequeñas como poderosas, tan eficaces como malditas, tan indomables como sin horizonte?
Y si tuviera un hijo con este hombre sería gracias a esa medicación, ella ¡justo ella que tanto bregaba contra las ansias arrasadoras de la industria farmacológica mundial .¿No sería, en realidad, que no se bancaba a ese hombre tan enamorado de la televisión y de ver culos en la pantalla chica?
¿Es que no estaba agrandando ella su asco frente a un hombre que le había declarado su amor y que, de ese amor, que no tenía ninguna medicación atrás no podía dudar, no debía dudar?

-1-

La utopía de la ciencia está basada en que, más allá de que se meta en zonas turbulentas, tiene una apetencia: la de hacer el bien. Cuando se estudia en la escuela que la ciencia vino al lugar de la religión como uno de los tópicos que permitían pensar la entronización del tiempo de la Modernidad, tenían razón. Era un punto que, más allá de su claridad pedagógica, estaba en lo cierto.
__El otro día leí que se están vacunando a mujeres contra el cáncer de mama aún antes de nacer __ decía Silvina. __Cuando alguien quiere el “bien del otro” no se detiene demasiado a pensar de qué tipo de bien se trata, no llega a diferenciar entre síntomas, disfunciones, sistemas patológicos. Se trata de prevenir, de inmunizar, de tener al alcance la solución.
__Tu sensibilidad es peculiar, no me bancas pero no lo decís y te terminás tirando a la cama.
En eso, él tenía razón, lo que no entendía era porque lo hacía, era como si se quedase esperando a que algo en su pareja cambiara. En realidad, ella sabía que no se trataba de que tuviera que tener estómago para bancarlo, para lo que había que tener estómago era para cortarla y aceptar que todavía no había nadie con quien poder tener un hijo. ¿Sería posible que la manera de pensar la psicofarmacología los hubiera separado? Los dos pensaban que era ridículo pero siempre volvían con el mismo tema.
__La ciencia se metaboliza en las fórmulas químicas __decía Marcelo y lo que no se ajusta a ello sellama “territorio idiosincrásico”.
__Una extravagante manera de decir que si no ocurre lo esperado se trata de un efecto indeseado debido a la peculiar sensibilidad de un individuo.
__Si a cada uno le pasara lo que le pasara, no habría ciencia alguna, y nadie podría tomar nada porque sus efectos no tendrían ninguna garantía.
__Si esa parte la comprendo, no soy mogólica, pero de ahí a que le moleste que cada uno sea distinto al otro, es otra cosa. Es como decir que a vos te molesta que yo sea distinta a vos.
__Si creo que sería mejor si fueras un poco más parecida.
__Sería mejor si fuéramos iguales, así no te molestarías tanto conmigo.
Marcelo se quedó pensando, podía ser que ellos fueran demasiado distintos.
__Es lo mismo, sería mucho mejor si fuéramos todos iguales para que los fármacos pudieran trabajar sin molestias indeseadas. Claro mejor no tener estómagos, ni riñones, ni intestino y mucho menos inteligencia. Siempre volvés a la importancia de la estadística, de las putas medidas de tendencia central… Si pensás que conviene que seamos todos iguales, porque no te clonás y me dejás de joder.

A Marcelo no le pareció mala la idea, estaría bueno, clonarse a sí mismo pero en el otro sexo, así no sería el mismo pero sería el mismo, en realidad, estaba pensando cómo hacerle doler a Silvina, que estaba tan mal con él.
__Por lo menos la ciencia tiene esa utopía, ¿qué utopía tenés vos y tu maldita salud mental? Acaso vos no sufrís porque quisieras ya tener una hija parecida a vos, como si fuera un mapa calcado de tu misma cara.
Después que lo dijo se dio cuenta, Marcelo, que eso justamente no lo tendría que haber dicho. Ahora todo el fin de semana largo, ella se tiraría a la cama, y él tendría ganas de salir corriendo.

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