sábado, 29 de septiembre de 2012

Y otra vez…¡¡¡Volver a empezar!!! Por Clr. Susana Contino


Muchas veces nos encontramos diciendo esta frase,
ante el inicio de algo que nos parece imperioso encarar
“nuevamente.”
¿Es lo mismo “volver a empezar” (o “empezar de
nuevo”) que “saber empezar ? Esta es la cuestión; definitivamente
son actitudes muy distintas y trataremos
de analizar la diferencia. Pensemos las implicancias de
cada una de estas expresiones que son, finalmente, el
reflejo de nuestro modo vital de actuar y desenvolvernos.
Planteo inicialmente estos dos ejes de reflexión:
“Saber empezar” es una habilidad importante para
nuestra calidad de vida que alude a saber estar en el
presente, a disfrutar y dar sentido a lo que hacemos
ahora, a añadir vida a nuestros años.
“Volver a empezar” expresa una cierta incapacidad
para vivir en el presente, porque “volver” es “regresar a
un lugar conocido” que remite a seguir en el pasado, a
soportar las mismas cosas de siempre, a añadir años a
una no-vida sin sentido.
Desarrollando más estos conceptos, podemos afirmar
que Saber empezar es tener intención de hacer lo
que hacemos ahora, es asumir la responsabilidad de hacerlo
porque satisface algunas de nuestras necesidades
actuales como seres humanos, ya sean físicas, mentales,
sociales o transcendentes.
Volver a empezar es reiterar, es copiar-nos, es no
tener intención sino inercia, es simplemente seguir repitiendo
las mismas rutinas impuestas por los roles
aprendidos en el pasado, en función de lo que los
otros nos dijeron que eran nuestras necesidades y
que ahora asumimos como obligaciones, gracias a
una voluntad que empleamos para hacer lo que no
queremos.
Saber empezar es tener nuestra atención y la de
todos nuestros sentidos en lo que hacemos en el presente,
ya que vivir como ser humano exige estar en
alerta para protegernos de lo que nos daña y para
aprovechar cualquier oportunidad de desarrollo personal.
Volver a empezar es seguir con la atención
puesta en fantasías, ilusiones e irrealidades que nos
hacen estar siempre en alerta y a la defensiva, dando
más importancia a los contenidos fosilizados de nuestra
mente y memoria que a lo que realmente experimentamos.
Saber empezar es ser congruentes, es pensar
y hacer lo que hacemos en armonía con lo que
sentimos, utilizando nuestros afectos y nuestras
emociones como el motor que nos orienta y nos
motiva a invertir nuestra energía en crear contextos
adecuados para mejorar continuamente. Volver
a empezar es seguir repitiendo las mismas
emociones aprendidas en la infancia o en el pasado,
sin poder salirnos de los mismos círculos viciosos
de relaciones manipuladoras y conductas
no productivas.
Saber empezar es tener confianza en que podemos
lograr lo que nos proponemos, si son metas realistas,
porque somos capaces de mantener la disciplina
y constancia que necesitan los proyectos en los que nos
implicamos. Volver a empezar es seguir esperando inútilmente
(y cómodamente…) que se cumplan en el futuro
las expectativas que nunca se han cumplido en el
pasado, porque utilizamos el pasado y el futuro como
una forma de no vivir en el presente, que es la única dimensión
donde podemos responsabilizarnos de nuestros
recuerdos y proyectos.
Concluyendo: decimos que “sabemos empezar”
cuando desarrollamos la habilidad de actualizar adecuada
y eficazmente nuestra energía, con la potencia
de estar en contacto con la realidad de nuestra experiencia.
“Volvemos a empezar”, una y otra vez, al seguir
viviendo y replicando esa carpeta mental de asuntos
pendientes del pasado, que nos impide vivir en el presente
por el efecto repetición (siempre más de lo
mismo).

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